Tormenta by Jim Butcher

Tormenta by Jim Butcher

Author:Jim Butcher
Language: es
Format: mobi
Published: 2009-11-08T00:00:00+00:00


Capítulo 14

Susan tiró de mi cuello y me agarró la cabeza para besarme. Mientras me daba besos, bien. Era, mmm, sumamente interesante. Muy apasionados, desinhibidos, sin una pizca de timidez o duda. Al menos por parte de ella. Un minuto más tarde, cuando me separé para coger aire, los labios me picaban por la intensidad del momento y ella me miraba con ojos ardientes.

—Tómame, Harry. Te necesito.

—Eeeh... Susan. No es muy buena idea en este momento.

La pócima le había afectado mucho. No me extrañaba que se hubiera recuperado del pánico que sentía de tal manera que había vuelto a subir las escaleras y había disparado con mi arma al demonio. Sus inhibiciones habían disminuido a tal nivel que también se habían calmado sus miedos.

Los dedos de Susan pasearon por mi cuerpo y le brillaron los ojos.

—Tu boca dice que no —susurró—, pero esto dice que sí.

Me levanté, tragué saliva, intentando mantener mi equilibrio y quitarme su mano de encima al mismo tiempo.

—Eso siempre dice cosas estúpidas —le aclaré. No atendía a razones. La pócima le había puesto la libido a tope—. ¡Bob, ayúdame a salir de aquí!

—Estoy atrapado en la calavera —dijo Bob—. Si no me dejas salir, no puedo hacer gran cosa, Harry.

Susan se puso de pie para morderme la oreja, colocó uno de sus muslos bien torneados alrededor del mío y empezó a gimotear y a empujarme hacia el suelo. Me tambaleé. Un círculo de casi un metro no es lo bastante grande como para luchar, hacer gimnasia u... otra cosa, sin dejar nada que sobresalga para que un demonio expectante lo mordisquee.

—¿Sigue ahí la otra pócima? —pregunté.

—Sí —contestó Bob—, la vi cuando se cayó al suelo. También podría lanzártela.

—Vale —le dije, cada vez más excitado. Todavía podía salir vivo de aquel sótano—. Te voy a dejar salir cinco minutos. Quiero que me lances la pócima.

—No, jefe —dijo Bob con la voz llena de alegría.

—¿No? ¡¿No?!

—O me dejas salir veinticuatro horas o nada.

—¡Joder, Bob! ¡Yo soy el responsable de lo que hagas si te dejo salir! ¡Ya lo sabes!

Susan me susurró al oído «no llevo ropa interior» e intentó hacerme algo así como una llave de artes marciales para tirarme al suelo. Me balanceé, perdí el equilibrio, y apenas pude apañármelas para evitarla. Los ojos saltones del demonio se entrecerraron y se puso de pie, preparado para saltar sobre nosotros.

—¡Bob! —chillé—. ¡Maldito tramposo!

—'¡Intenta vivir en una vieja calavera huesuda durante unos cien años, Harry! ¡También querrías salir fuera de vez en cuando!

—¡Vale! —grité, con el corazón en la garganta mientras perdía otra vez el equilibrio—. ¡Vale! ¡Pero asegúrate de darme la pócima! Tienes veinticuatro horas.

—Asegúrate de que la coges —replicó Bob y un torrente de luz anaranjada salió de las dos cuencas de los ojos de la calavera hacia la habitación. Después, bajaron en picado en una nube alargada sobre la botella con la pócima que estaba tirada en el suelo en la otra punta del laboratorio, la recogieron y me la lanzaron. La alcancé con la mano libre, estuve a punto de perderla durante un segundo, pero la sujeté bien otra vez.



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